El despido de Scholar sugiere que el gobierno no ha aprendido nada

Gran Breta?a se enfrenta a las condiciones econ?micas m?s dif?ciles en medio siglo. La inflaci?n alcanz? el 9,9% el mes pasado e, incluso despu?s de la congelaci?n de los precios de la energ?a, se prev? que se mantenga por encima del 10% el pr?ximo a?o. La libra esterlina ha ca?do a su nivel m?s bajo frente al d?lar desde 1985 e incluso ha ca?do frente al euro, a pesar de la perspectiva de subidas agresivas de los tipos de inter?s. Los rendimientos de los gilts a diez a?os han subido un 1% en un mes y la deuda p?blica ya se acercaba al 100% del PIB antes de lo que podr?a ser un rescate energ?tico de 150.000 millones de libras y 30.000 millones de libras de recortes fiscales. El d?ficit por cuenta corriente es ahora un nuevo r?cord del 8,3 por ciento del PIB.

Se podr?a pensar que, en este contexto, cualquier gobierno no querr?a hacer nada que pudiera da?ar la posici?n de Gran Breta?a en los mercados. Sin embargo, en su primer d?a de trabajo, Kwasi Kwarteng, el nuevo canciller opt? por despedir a Sir Tom Scholar, el secretario permanente del Tesoro que ha ayudado a dirigir el pa?s en dos emergencias de un siglo de duraci?n, la crisis financiera mundial y la pandemia de Covid-19, y que hasta la semana pasada dirig?a la respuesta a la crisis energ?tica.

El gobierno no ha dicho por qu? tuvo que irse. Scholar dijo en un comunicado que Kwarteng le hab?a dicho que era hora de un nuevo liderazgo. Sin embargo, Kwarteng no ha dicho por qu? era necesario. Lo m?s parecido a una explicaci?n fue una columna publicada en este peri?dico por Lord Agnew of Oulton, antiguo ministro del gabinete y del Tesoro, que argument? que hab?a bloqueado pol?ticas y presidido una cultura de pensamiento grupal. Esto coincide con las cr?ticas de Liz Truss en la campa?a electoral sobre lo que llam? "ortodoxia del Tesoro".

Sin embargo, la idea de que el Tesoro es un bloqueo a la voluntad de los pol?ticos elegidos es evidentemente falsa. Siempre ha sido el m?s pol?tico de todos los departamentos, acomod?ndose sin problemas a quienquiera que est? en el poder, nunca m?s feliz que cuando lo dirige un canciller con una agenda clara. Ayud? a Nigel Lawson a desregular, privatizar y recortar impuestos. Ayud? a John Major a entrar en el Mecanismo Europeo de Tipos de Cambio y ayud? a Norman Lamont cuando la libra se sali? de ?l. Ayud? a Gordon Brown a independizar el Banco de Inglaterra y a provocar un aumento del gasto p?blico y luego ayud? a George Osborne a aplicar un dr?stico programa de austeridad. La ?nica constante es la conciencia de que al final hay que pagar las deudas.

Es dif?cil evitar la sospecha de que lo que realmente est? detr?s del asalto del gobierno de Truss al Tesoro es la verg?enza por las consecuencias econ?micas de los ?ltimos 12 a?os de gobierno tory. El programa de austeridad de Osborne fue un fracaso en sus propios t?rminos. Tras cinco a?os de recortes, el d?ficit presupuestario estructural que pretend?a eliminar segu?a siendo superior al 2% del PIB. Su alarde de ser un "conservador fiscal pero un activista monetario" result? ser lamentablemente err?neo. Sus profundos recortes en el gasto p?blico condujeron directamente a los enormes atrasos en los servicios p?blicos, sobre todo en la sanidad y en el sistema de justicia penal, que hoy pesan sobre la econom?a. Mientras tanto, los tipos de inter?s ultrabajos desencadenaron una burbuja en los precios de los activos que hizo que los ricos se enriquecieran enormemente sin que se produjera ning?n aumento de la inversi?n.

Sin embargo, las decepciones de la canciller?a de Osborne no son nada comparadas con los fracasos de los ?ltimos seis a?os. Truss habla repetidamente de sus planes de reforma del lado de la oferta, aparentemente ajena al hecho de que desde 2016 los tories han presidido la revoluci?n del lado de la oferta m?s radical, aunque casi totalmente negativa, de la historia reciente. Se han levantado barreras comerciales con los socios comerciales m?s importantes de Gran Breta?a. Los exportadores a la Uni?n Europea deben enfrentarse a una nueva burocracia. La incertidumbre regulatoria se ha cernido sobre todos los sectores durante seis a?os, disuadiendo la inversi?n. Los sectores que sol?an depender de los trabajadores de la UE se enfrentan a la escasez de mano de obra. La persistente amenaza de una guerra comercial como resultado del estancamiento de la frontera norirlandesa sigue minando la confianza de las empresas y los inversores.

Ninguna de las responsabilidades de estos fracasos pol?ticos recae en Scholar, ni fueron impulsados por la ortodoxia del Tesoro. El Tesoro no le dijo a Osborne que persiguiera la austeridad. La eligi? porque abr?a una conveniente l?nea divisoria pol?tica con los laboristas sobre los impuestos y el d?ficit. Nadie puede creer seriamente que si los laboristas hubieran ganado las elecciones de 2010, el Tesoro no habr?a aplicado con la misma fidelidad el plan de Alastair Darling. Y dif?cilmente se puede culpar al Tesoro por el Brexit, y mucho menos por la versi?n que ha seguido el gobierno de Johnson.

Liz Truss railed against ‘Treasury orthodoxy’ on the campaign trail

Lo que s? es cierto es que la desgracia de Scholar ha sido tener que enfrentarse a los conservadores con las consecuencias de sus propias decisiones pol?ticas en t?rminos de menor crecimiento y menor recaudaci?n fiscal. Kwarteng ha declarado que a partir de ahora el ?nico objetivo del Tesoro debe ser restaurar la tasa de crecimiento tendencial al 2,5%, como si ninguno de sus predecesores hubiera pensado en ello antes. Sin embargo, son pocos los resortes que el Tesoro puede accionar para deshacer r?pidamente el da?o de los ?ltimos 12 a?os. No puede derribar las barreras comerciales que puso su partido. Tampoco puede revertir f?cilmente la escasez de mano de obra que est? alimentando el problema de la inflaci?n en Gran Breta?a. No puede revertir r?pidamente a?os de falta de inversi?n en infraestructuras y servicios p?blicos.

Ir?nicamente, la ?nica palanca de la que puede tirar Kwarteng es la de asegurar a los inversores mundiales que Gran Breta?a sigue siendo un pa?s serio y bien gestionado, con instituciones fuertes dirigidas por un gobierno dispuesto a reconocer las realidades econ?micas y comprometido con unas finanzas p?blicas s?lidas. Pero la canciller acaba de hacer esta tarea mucho m?s dif?cil. Puede que ?l y Truss tengan suerte. Tal vez su gigantesco endeudamiento desaf?e a los esc?pticos y produzca el auge no inflacionista e impulsado por la inversi?n que esperan dise?ar. El riesgo es que los que se preguntan si Gran Breta?a se est? convirtiendo en un mercado emergente piensen que ya tienen la respuesta.